Imagino que como para muchos de ustedes, mi sueño siempre ha sido ser como Forest Gump... o no?
Este chaval era tremendo, tremendísimo; ¡una máquina!
El señor Gump fue capaz de convertir todos los sueños enclavados en el "sueño americano" en el transcurso de su vida, por imposible que parezca. Cierto es que, para todo lo que hizo, uso una importante suma de años pero su aspecto casi no parecía perecer: fue olímpico con la selección yankee (algo que cuesta conseguir una serie de años), jugador profesional de la NFL (otros tantos años más); pero sin embargo, el no envejecía. Y eso sin contar el tiempo que tuvo que estar en la US Navy para poder ser héroe militar en la guerra de Vietnam o el tiempo que transcurría sentado en un banco: dándole de comer a las palomas, contándole sus batallas a transeúntes varios que se quedaban boquiabiertos y enseñando al resto del mundo que, con gotas de constancia e imaginación, se puede conseguir lo que uno se proponga... SIEMPRE QUE SEAS "AMERICANO" (estadounidense sería lo correcto pues no me imagino a un peruano o salvadoreño -por ejemplo- siendo capaz de lograr tantas cosas "importantes" en una vida).
Pero esto no es todo amigos (como diría el hermano malo de Buggs), Gump... ¡era tonto! o por lo menos eso parecía (cierto es que la cara de Tom Hans ayuda a ese parecer). Pues lo dicho, Forest Gump se convirtió en una persona increíblemente importante en lo EE.UU. siendo discapacitado ¿y todo gracias a quién? Pues si, a su madre.
La madre de Gump. Esa mujer que se desvive por un hijo ignorante de la vida (que diría Mariano, padre de Emilio el portero). Lo educa de manera envidiable: un chico respetuoso con las palomas y transeuntes aburridos; lo cuida tanto que Forest parece inmortal (el tiempo no pasa por él) y nos hace ver que no hay madre (o padre) mejor en el mundo que la señora Gump. Mrs Gump.
Pués gente... ERA UNA PELÍCULA. Y si queremos tener ejemplos ficticios de padres magníficos, maravillosos, grandiosos, espectaculares (como diría mi profesora de matemáticas del instituto, Rogelia), aquí, en la cultura española, tenemos uno que es aún más legendario y mítico que Mrs. Gump aunque lo tengamos en el olvido. El señor Tal.
El señor Tal es, como pasa con Mrs. Gump, desconocido por sí mismo. Nunca oirás a nadie hablar de Tal y sus proezas ni de batallas heroicas (en Jinamar puede que encuentres a alguien nombrar a "Taquicuá", pero son variantes que no vienen al tema). Tal es conocido gracias a su hijo.
El hijo de Tal ha sido galardonado con premios de toda índole durante toda su vida (y créanme, ha sido larga). Tal es el ejemplo, repito, EL EJEMPLO que todo padre y madre quiere para su hijo, EL EJEMPLO que todo deportista quiere ser para su afición y viceversa, EL EJEMPLO de matrimonio, de amor, odio y demás sentimientos; el hijo de Tal es, por sí mismo EL EJEMPLO y todo gracias a su padre. Porque sin Tal, Fulanito no hubiera sido quien es, FULANITO DE TAL.
martes, 7 de junio de 2011
jueves, 2 de junio de 2011
Me encanta Madrid
Un extraño sentimiento de culpa se apoderó de mis pensamientos cuando ya casi llegaba a la glorieta de Embajadores. Acababa de cruzar Lavapiés, ese histórico barrio marginado por las clases altas, por la calle Mesón de Paredes. Mientras bajaba la empinada cuesta, a la altura del restaurante senegalés, el Baobab, me encontré con Abdul:
-Naka nga def ?- me pregunta con su habitual sonrisa.
-Mangi fi rek - le respondo.
Fui capaz de percibir las sonrisas de dos senegaleses que acompañaban al simpático africano, mientras seguíamos con la breve conversación que acostumbramos tener cada vez que nos vemos. Pensé que mi acento Wolof les hacía gracia y esbocé una sonrisa aprobando esa diversión que les estaba provocando mi humilde forma de hablar su idioma.
Todo esto me hizo reflexionar. La vez anterior que había hablado, tampoco fue en mi idioma materno y una ráfaga de ideas invadieron mi cabeza cual tropa de caballería pesada. Visualicé a mi alrededor. Unos chicos montando un escenario para una actuación de Bollywood; un bar, La misa de las 8:00, dónde pude ver un cuadro del Che; un mulato, con una cuchilla en la mano, hablando y riendo en la puerta de una barbería con un jovial acento de las Antillas; y yo. Fuí capaz de verme a mi, descendiendo por la calle a buen ritmo y empecé a recordar todo lo que había pasado por delante de mis ojos en aquellas dos horas de caminata.
Acababa de salir de la facultad, una brisa refrescaba el ambiente y me animó a hacer el camino que separa la universidad de mi casa andando. Pasé por la Casa do Brasil para recoger el diploma de portugués. Allí me recibieron con la alegría que es usual en los brasileños y me entretuve hablando un rato con los administradores del colegio mayor. Diez minutos más tarde ya estaba entrando en la calle Princesa, el habitual tumulto de gente no hizo perecer mi estado anímico. Solamente Silvio Rodríguez perturbaba mis sentidos con su tranquila música.
Anduve a través de la calle esquivando personas a las que tu existencia les preocupa más bien poco: una mujer mayor paseando a su perro, una chica encolerizada a la salida de un comercio, una pareja que sonreía mientras caminaban medio abrazados y aquella chica de la falda negra que tenía dos perlas por ojos. Poco me importaba, realmente me daba cuenta de que empiezo a comportarme como un "humus" de ciudad, en cambio sí era capaz de ver lo alegre que es un día normal en una calle de Madrid.
Llegaba a Ventura Rodríguez cuando una guagua paraba en doble fila y una cantidad ingente de orientales descendían del vehículo y entorpecían mi paso. Me mezclé y observé como unas mujeres de avanzada edad señalaban la residencia de la duquesa de Alba y comentaba algo a su acompañante, yo proseguía.
Pasando la Plaza de España comencé a ver la cuesta arriba que me esperaba en la entrada de Gran Vía y decidí no aminorar la marcha. Más y más gente. Muchas cabezas se cruzaban en el horizonte y Silvio entonaba, por segunda vez, la canción "Mariposas". Acababa de llegar a Callao y recordé que no había visto aún la Puerta del Sol desde que se desencadenó el movimiento revolucionario. Alargué mi zancada para llegar lo antes posible.
Ya en Sol, me introduje en el laberinto de casetas de acampada cotilleando y me abrumó un sentimiento de emoción al pensar que aquello podía ser el camino correcto. Qué podría ser historico todo lo que allí acontecía. La emoción hizo que mi sistema nervioso me recordara que estaba comenzando a cansarme. Aún me quedaba un buen rato para llegar a casa.
Seguí camino a la Plaza de Jacinto Benavente y luego a la Plaza de Tirso de Molina antes de entrar en Lavapiés. Crucé Lavapiés por Mesón de Paredes hasta la glorieta de Embajadores.
Mi cabeza ya había dejado de pensar en el pasado inmediato, en ese momento todas mis ideas estaban centradas en lo bonito que es esta ciudad. En Abdul, los dos senegaleses y los japonenes del autobus. En la Casa de Brasil. En la Spanish Revolution y en la chica de las perlas en las cabidades oculares. En el porqué estoy aquí y porqué aun no he huido. En mi avivado ritmo a la hora de andar y mi despreocupación para con la gente de mi alrededor. Y en que vivo en la ciudad con más oportunidades de este, nuestro, país. Y en todas esas cosas que no son parte del pasado inmediato, sino del própero futuro que me espera.
Y entonces... y entonces entré en la calle Jaime el Conquistador. Mi barrio. La gente que me quiere. Aquellos que me apodan simplemente usando mi gentilicio y me recuerdan que no soy uno más en el cómputo de esta ciudad. Porque, a fin de cuentas, vivir "debajo del puente del río", como nos recuerda Pedro Guerra, no es tán malo si puedes recordártelo cada día que pasa. Pués Madrid es la ciudad donde vivo y adoro vivir aquí aunque muchas veces no lo recuerde, me encanta Madrid. Me encanta y temo que llegue el día en el que eche de menos esta majestuosa ciudad.
-Naka nga def ?- me pregunta con su habitual sonrisa.
-Mangi fi rek - le respondo.
Fui capaz de percibir las sonrisas de dos senegaleses que acompañaban al simpático africano, mientras seguíamos con la breve conversación que acostumbramos tener cada vez que nos vemos. Pensé que mi acento Wolof les hacía gracia y esbocé una sonrisa aprobando esa diversión que les estaba provocando mi humilde forma de hablar su idioma.
Todo esto me hizo reflexionar. La vez anterior que había hablado, tampoco fue en mi idioma materno y una ráfaga de ideas invadieron mi cabeza cual tropa de caballería pesada. Visualicé a mi alrededor. Unos chicos montando un escenario para una actuación de Bollywood; un bar, La misa de las 8:00, dónde pude ver un cuadro del Che; un mulato, con una cuchilla en la mano, hablando y riendo en la puerta de una barbería con un jovial acento de las Antillas; y yo. Fuí capaz de verme a mi, descendiendo por la calle a buen ritmo y empecé a recordar todo lo que había pasado por delante de mis ojos en aquellas dos horas de caminata.
Acababa de salir de la facultad, una brisa refrescaba el ambiente y me animó a hacer el camino que separa la universidad de mi casa andando. Pasé por la Casa do Brasil para recoger el diploma de portugués. Allí me recibieron con la alegría que es usual en los brasileños y me entretuve hablando un rato con los administradores del colegio mayor. Diez minutos más tarde ya estaba entrando en la calle Princesa, el habitual tumulto de gente no hizo perecer mi estado anímico. Solamente Silvio Rodríguez perturbaba mis sentidos con su tranquila música.
Anduve a través de la calle esquivando personas a las que tu existencia les preocupa más bien poco: una mujer mayor paseando a su perro, una chica encolerizada a la salida de un comercio, una pareja que sonreía mientras caminaban medio abrazados y aquella chica de la falda negra que tenía dos perlas por ojos. Poco me importaba, realmente me daba cuenta de que empiezo a comportarme como un "humus" de ciudad, en cambio sí era capaz de ver lo alegre que es un día normal en una calle de Madrid.
Llegaba a Ventura Rodríguez cuando una guagua paraba en doble fila y una cantidad ingente de orientales descendían del vehículo y entorpecían mi paso. Me mezclé y observé como unas mujeres de avanzada edad señalaban la residencia de la duquesa de Alba y comentaba algo a su acompañante, yo proseguía.
Pasando la Plaza de España comencé a ver la cuesta arriba que me esperaba en la entrada de Gran Vía y decidí no aminorar la marcha. Más y más gente. Muchas cabezas se cruzaban en el horizonte y Silvio entonaba, por segunda vez, la canción "Mariposas". Acababa de llegar a Callao y recordé que no había visto aún la Puerta del Sol desde que se desencadenó el movimiento revolucionario. Alargué mi zancada para llegar lo antes posible.
Ya en Sol, me introduje en el laberinto de casetas de acampada cotilleando y me abrumó un sentimiento de emoción al pensar que aquello podía ser el camino correcto. Qué podría ser historico todo lo que allí acontecía. La emoción hizo que mi sistema nervioso me recordara que estaba comenzando a cansarme. Aún me quedaba un buen rato para llegar a casa.
Seguí camino a la Plaza de Jacinto Benavente y luego a la Plaza de Tirso de Molina antes de entrar en Lavapiés. Crucé Lavapiés por Mesón de Paredes hasta la glorieta de Embajadores.
Mi cabeza ya había dejado de pensar en el pasado inmediato, en ese momento todas mis ideas estaban centradas en lo bonito que es esta ciudad. En Abdul, los dos senegaleses y los japonenes del autobus. En la Casa de Brasil. En la Spanish Revolution y en la chica de las perlas en las cabidades oculares. En el porqué estoy aquí y porqué aun no he huido. En mi avivado ritmo a la hora de andar y mi despreocupación para con la gente de mi alrededor. Y en que vivo en la ciudad con más oportunidades de este, nuestro, país. Y en todas esas cosas que no son parte del pasado inmediato, sino del própero futuro que me espera.
Y entonces... y entonces entré en la calle Jaime el Conquistador. Mi barrio. La gente que me quiere. Aquellos que me apodan simplemente usando mi gentilicio y me recuerdan que no soy uno más en el cómputo de esta ciudad. Porque, a fin de cuentas, vivir "debajo del puente del río", como nos recuerda Pedro Guerra, no es tán malo si puedes recordártelo cada día que pasa. Pués Madrid es la ciudad donde vivo y adoro vivir aquí aunque muchas veces no lo recuerde, me encanta Madrid. Me encanta y temo que llegue el día en el que eche de menos esta majestuosa ciudad.
lunes, 29 de junio de 2009
Diario de abordo [29/06] -Pequeña locura nocturna-
Apenas unas pequeñas ondas hacían pensar que aquella alfombra azul marino no era más que una basta extención de mar que llamaba la atención de un gran número de pasajeros que hoy venían de Tenerife. Acababa de terminar la película que ponen en el barco para mantener entretenida a las personas mientras que otras aprovechan para dormir en esas tres horas de trayecto que unen las capitales de las dos provincias canarias. El pequeño murmullo y la gran espectación que venía desde la cubierta despertaron una intensa curiosidad en mi y salí para ver lo que acontecía. Nada anormal, desde luego, se comenzaba a poder ver el norte de Gran Canaria y todos, sumidos en su impaciencia, ojeaban como la meta ya tenía una forma de silueta con puntos anaranjados.
Mi curiosidad se convirtió en desilusión hasta que resolví por mirar lo tranquilo que estaba el mar, por una vez desde que viajo en barco haciendo la travesía que une Santa Cruz y Las Palmas vi como la luna estaba desligada a la masa marina y apenas la perturbaba. Me llenó un irónico mareo que me invitaba a pensar en lo bonitas que son cosas tan simples como el agua que nos rodea, me alegre mucho al intuir el Teide en el difuminado naranja que adornaba el horizonte y fue entonces cuando comencé a entrar en mi mismo, introducirme en mi cabeza de un modo que debería ser más una costumbre que un momento casual. Pensé en todos los problemas que había arrastrado en las últimas semanas, las dudas que tenía, el estrés causado por un sinvivir que me creé por no saber asumir las "olas" que cada día nos marean y no dificultan el ordinario camino que seguimos. Pensé en ese mar cual plato azul, sin olas, como si de la vida misma se tratase; pensé en aquella silueta, acabada en pico, que se podía avistar a lo lejos y la ligué con los sueños que no cumplimos, esos sueños difuminados que se alejan hasta que te olvidas de ellos; noté como el color azul del mar se hacía cada vez más oscuro, hasta casi disimular que en algún momento anterior tuviera un tono alegre y pensé que ese cambio era el reflejo del final de la vida... me divertí haciendo comparaciones meras y sin ninguna base lógica pero que llenaban de imaginación y frases lo que hasta el momento había sido un viaje común con una película repetida.
Un instante después, casi sin notarlo, estabamos en el norte de la isleta, sin luces que admirar y el mar había perdido todo el color, los pasajeros apuraban los cigarros y un grupo de jovenes estaban haciendo una sesión de fotos para pasar el rato. Miré de nuevo para atrás para ver el pico de los sueños, pero ya era imposible ver nada, imaginé que esto era el simil de una depresión o una enfermedad mortal por necesidad y fue entonces cuando decidí dar una pequeña vuelta por el navio. No tardé mas de 5 minutos en recorrer las escaleras que me llevaban a la cubierta más alta y fue allí donde comencé a ver la ciudad, un bosque de edificios, muros y gruas que sobresalian del muelle y un gran mar, pero esta vez era un mar de luces, luces de todos los colores. Intenté imaginar cuantas podia haber pero fue entonces cuando recordé que acababa de salir de la depresión y estaba viendo un sinfin de oportunidades convrtidas en pequeños aparatos que desprendían miles de millones de fotones... volví a animarme, me di cuenta que hacía ya unos veinte minutos que no veía el monte de mis sueños pero comprendí que estaba llegando a un mundo lleno de oportunidades y que esa silueta que representaba mis deseos más gratos no iba a moverse, que el barco volvería a partir a Tenerife y que el mar iba a estar más o menos tranquilo pero que siempre iba a tener donde mirar y ver oportunidades en el alumbrado público... calculé que la isleta se bordea en 5 minutos y aprendí a ver como podía controlar mi impaciencia mientras el resto no quería y no veía que el mar estaba plano, que el barco no se movía y que la vida sigue siendo horizontal y tediosa... ellos caminaban y sacaban fotos sin darse cuenta que yo estaba convirtiendo esa última hora de viaje en mi "Diario de abordo [29/06] -Pequeña locura nocturna-
Mi curiosidad se convirtió en desilusión hasta que resolví por mirar lo tranquilo que estaba el mar, por una vez desde que viajo en barco haciendo la travesía que une Santa Cruz y Las Palmas vi como la luna estaba desligada a la masa marina y apenas la perturbaba. Me llenó un irónico mareo que me invitaba a pensar en lo bonitas que son cosas tan simples como el agua que nos rodea, me alegre mucho al intuir el Teide en el difuminado naranja que adornaba el horizonte y fue entonces cuando comencé a entrar en mi mismo, introducirme en mi cabeza de un modo que debería ser más una costumbre que un momento casual. Pensé en todos los problemas que había arrastrado en las últimas semanas, las dudas que tenía, el estrés causado por un sinvivir que me creé por no saber asumir las "olas" que cada día nos marean y no dificultan el ordinario camino que seguimos. Pensé en ese mar cual plato azul, sin olas, como si de la vida misma se tratase; pensé en aquella silueta, acabada en pico, que se podía avistar a lo lejos y la ligué con los sueños que no cumplimos, esos sueños difuminados que se alejan hasta que te olvidas de ellos; noté como el color azul del mar se hacía cada vez más oscuro, hasta casi disimular que en algún momento anterior tuviera un tono alegre y pensé que ese cambio era el reflejo del final de la vida... me divertí haciendo comparaciones meras y sin ninguna base lógica pero que llenaban de imaginación y frases lo que hasta el momento había sido un viaje común con una película repetida.
Un instante después, casi sin notarlo, estabamos en el norte de la isleta, sin luces que admirar y el mar había perdido todo el color, los pasajeros apuraban los cigarros y un grupo de jovenes estaban haciendo una sesión de fotos para pasar el rato. Miré de nuevo para atrás para ver el pico de los sueños, pero ya era imposible ver nada, imaginé que esto era el simil de una depresión o una enfermedad mortal por necesidad y fue entonces cuando decidí dar una pequeña vuelta por el navio. No tardé mas de 5 minutos en recorrer las escaleras que me llevaban a la cubierta más alta y fue allí donde comencé a ver la ciudad, un bosque de edificios, muros y gruas que sobresalian del muelle y un gran mar, pero esta vez era un mar de luces, luces de todos los colores. Intenté imaginar cuantas podia haber pero fue entonces cuando recordé que acababa de salir de la depresión y estaba viendo un sinfin de oportunidades convrtidas en pequeños aparatos que desprendían miles de millones de fotones... volví a animarme, me di cuenta que hacía ya unos veinte minutos que no veía el monte de mis sueños pero comprendí que estaba llegando a un mundo lleno de oportunidades y que esa silueta que representaba mis deseos más gratos no iba a moverse, que el barco volvería a partir a Tenerife y que el mar iba a estar más o menos tranquilo pero que siempre iba a tener donde mirar y ver oportunidades en el alumbrado público... calculé que la isleta se bordea en 5 minutos y aprendí a ver como podía controlar mi impaciencia mientras el resto no quería y no veía que el mar estaba plano, que el barco no se movía y que la vida sigue siendo horizontal y tediosa... ellos caminaban y sacaban fotos sin darse cuenta que yo estaba convirtiendo esa última hora de viaje en mi "Diario de abordo [29/06] -Pequeña locura nocturna-
viernes, 26 de junio de 2009
Antes...EL REY.
Antes... sí, bastante antes de saber lo que significaba la izquiera o la derecha, mucho antes de saber diferenciar lo que era país y estado, antes incluso de saber que la buena musica se escribe en partitura... mucho antes de todo eso mi vida comenzaba a escribirse como un guión desafiante para el más ingenioso de los guinistas Hollywoodienses, comenzaba a dibujarse de forma [if you are thinking about my baby if don't matter if you're black or white] borrosa y sin un claro color final, mi vida comenzaba a finalizar el prólogo tal libro narrativo. Era entonces cuando comenzó a su vez a crearse la B.S.O de mi vida; sentimientos ligados a unas notas, unas frases musicales, unos acordes y algún que otro grito sin sentido.
Antes... sí, décadas antes de saber que existen racistas encapuchados en el país más poderoso, lustros antes de saber que hay personas [she's the girl who clains I'm the one] que son capaces de violar a sus hijos, antes incluso de saber que un hombre pudiera pegar a la mujer que ama... mucho antes de todo eso mi memoria ya había grabado alguna de las canciones que componen la banda sonora de la vida de muchos de los nacidos después de los 70.
Extravagante, escéntrico, polémico. Supuestamente un pederasta, racista y maltratador, pero, sin duda, uno de los mejor artista de todos los tiempos, gran cantante, inmenso compositor y magnífico bailarín. Presente en muchos de los momentos inolvidables de millones de personas alrededor [cus' this is thrille, thirller nigth] del planeta.
Antes... insisto, antes de poder avergonzarme de decir que siento un fanatismo por este señor, antes de ver muchisimas noticias que me regalaban momentos embarasosos... mucho antes ya sentía un fanatismo frenético de uno de los que, aún años después de sus últimas composiciones, consiguen emocionarme con 5 min. de música.
Sin duda Michael fue, es y seguirá siendo un componente de la mitología de nuestros tiempos, a pesar de cualquier tipo de polémicas, a pesar de todo, fue un grandisimo artista y perecerá en la memoria de muchos de nosotros.
Y todo esto antes...
Disculpen si en algún momento intercalé mis pensamientos mientras escribía pero muchas veces ese tipo de canciones nos entran de forma que pensar se hace más placentero y dinámico...
GRACIAS JACKO. D.E.P.
Antes... sí, décadas antes de saber que existen racistas encapuchados en el país más poderoso, lustros antes de saber que hay personas [she's the girl who clains I'm the one] que son capaces de violar a sus hijos, antes incluso de saber que un hombre pudiera pegar a la mujer que ama... mucho antes de todo eso mi memoria ya había grabado alguna de las canciones que componen la banda sonora de la vida de muchos de los nacidos después de los 70.
Extravagante, escéntrico, polémico. Supuestamente un pederasta, racista y maltratador, pero, sin duda, uno de los mejor artista de todos los tiempos, gran cantante, inmenso compositor y magnífico bailarín. Presente en muchos de los momentos inolvidables de millones de personas alrededor [cus' this is thrille, thirller nigth] del planeta.
Antes... insisto, antes de poder avergonzarme de decir que siento un fanatismo por este señor, antes de ver muchisimas noticias que me regalaban momentos embarasosos... mucho antes ya sentía un fanatismo frenético de uno de los que, aún años después de sus últimas composiciones, consiguen emocionarme con 5 min. de música.
Sin duda Michael fue, es y seguirá siendo un componente de la mitología de nuestros tiempos, a pesar de cualquier tipo de polémicas, a pesar de todo, fue un grandisimo artista y perecerá en la memoria de muchos de nosotros.
Y todo esto antes...
Disculpen si en algún momento intercalé mis pensamientos mientras escribía pero muchas veces ese tipo de canciones nos entran de forma que pensar se hace más placentero y dinámico...
GRACIAS JACKO. D.E.P.
jueves, 11 de junio de 2009
Dieciocho millones y medio.
Cuando resolví hacer este blog nunca pensé que fuera tan complicado comenzar a rellenar este espacio vacío y fue entonces cuando decidí empezar así; comentando lo difícil que es dar el primer paso. Llegados a este punto y con una frase ya escrita voy a adentrarme en el mundo del "Blogger" con un cuento y sin la mayor esperanza de que sea leído por una cantidad de personas suficiente como para que el mensaje adquiera el carácter mediático que este cuento merece.
Finales del XIX, el mundo industrial continua emergiendo en los grandes países del viejo continente, T.A. Edison se disfraza de Dios en lunes e inventa la bombilla, un nuevo juego se pone de moda en Gran Bretaña sirviendo de ocio para una población obrera con una esperanza de vida de 30 años...
Mientras tanto, Antonio y Mateo, despreocupados de lo que acontece fuera de las fronteras del país de Finisterra, discuten cuál de ellos se "la queda" el próximo en el pilla-pilla al que juegan cada año desde que Don Alfonso regresó a casa. Esas trifulcas, respaldadas por un monarca absolutista y una cadena de caciques repartidos por todo el territorio nacional, eran la lacra política de la restauración Borbónica en España tras el fracaso de la I República. Era una política sumida en un régimen bipartidista y corrupto donde don Antonio Cánovas del Castillo y don Práxedes Mateo Sagasta jugaban a ser presidentes sin la menor preocupación hacia una población mermada desde la edad media por la pobreza y el hambre. ¡Claro!, fue hace un siglo y cualquier persona con ánimos de protesta era castigada, de diversas maneras, por esos caciques que hacían las veces de mafia.
Más de un siglo ha pasado desde entonces, aquellas fábricas emergentes ahora son un problema ecológico, las bombillas de Edison no sólo se quedaron obsoletas sino que cada día se actualizan más aportando ahorros energéticos y aquel juego inglés ahora es un deporte que mueve cantidades desorbitadas de dinero, sin olvidar que la esperanza de vida casi se triplicó. Un siglo, el XX, que supuso el mayor avance tecnológico experimentado por la raza humana en toda su historia, en cambio, en España, aún existe el régimen bipartidista, corrupto y caciquista que estaba impuesto cien años atrás con la diferencia de que ahora Antonio y Mateo son los conocidos Mariano y José, y los caciques dejan de practicar el "pucherazo" haciendo que voten los muertos y se han transformado en los actuales medios de comunicación que invitan a dejar tu "voto muerto".
Dieciocho millones y medio es el 54% del censo electoral español que se abstuvo el domingo a acudir a las urnas a aportar esa papeleta que nos da ese insignificante y a la vez importante derecho que tenemos, tras 40 años de represión, de tomar decisiones a nivel político. Dieciocho millones y medio de personas que, por algún motivo, ayudó a magnificar el régimen bipartidista del s.XXI haciendo cada vez más verosímil lo que no da a entender los medios de que un voto que no sea dirigido a PP o PSOE es un voto estúpido. Inútil, realmente, es aquel voto que no se ejecuta, de entre esos dieciocho millones y medio de motivos para no acercarse al colegio, un gran porcentaje es de aquellas personas que por desengaño político piensan que realmente su aportación pierde la importancia que tiene y se queda en un mero papel insignificante y todo ello aportando fortaleza a esos dos partidos políticos que lejos de ser adversarios idealmente hablando, son sólo publicistas que para acercarse al mayor número de votantes posible han dejado los ideales en el logotipo (si Pablo Iglesias despertara del letargo... ).
Solo como dato y para que nos hagamos una idea, en las elecciones generales por las Cortes del año pasado, el actual partido que gobierna consiguió algo más de once millones de votos, dato con el cual podríamos hacer un balance de lo importante que son esos dieciocho millones y medio de papeletas inútiles que tardan en "reciclarse" un lustro. Cinco años inútiles por no perder cinco insignificantes minutos, convencidos por las cabalgatas de jamelgos troyanos que nos atacan desde los medios advirtiendo que lo realmente insignificante no son los cinco minutos sino nuestro derecho a elegir. Realmente, ¿es eso así? ¿es cierto que mantener "callados" a un 54% del país el la solución política del país?...
Dieciocho millones y medio, para continuar sumidos en una política obsoleta, perdidos en un bipartidismo caciquista y corrupto, atascados en los ideales del s.XIX...
Dieciocho millones y medio, casi diecinueve.
Finales del XIX, el mundo industrial continua emergiendo en los grandes países del viejo continente, T.A. Edison se disfraza de Dios en lunes e inventa la bombilla, un nuevo juego se pone de moda en Gran Bretaña sirviendo de ocio para una población obrera con una esperanza de vida de 30 años...
Mientras tanto, Antonio y Mateo, despreocupados de lo que acontece fuera de las fronteras del país de Finisterra, discuten cuál de ellos se "la queda" el próximo en el pilla-pilla al que juegan cada año desde que Don Alfonso regresó a casa. Esas trifulcas, respaldadas por un monarca absolutista y una cadena de caciques repartidos por todo el territorio nacional, eran la lacra política de la restauración Borbónica en España tras el fracaso de la I República. Era una política sumida en un régimen bipartidista y corrupto donde don Antonio Cánovas del Castillo y don Práxedes Mateo Sagasta jugaban a ser presidentes sin la menor preocupación hacia una población mermada desde la edad media por la pobreza y el hambre. ¡Claro!, fue hace un siglo y cualquier persona con ánimos de protesta era castigada, de diversas maneras, por esos caciques que hacían las veces de mafia.
Más de un siglo ha pasado desde entonces, aquellas fábricas emergentes ahora son un problema ecológico, las bombillas de Edison no sólo se quedaron obsoletas sino que cada día se actualizan más aportando ahorros energéticos y aquel juego inglés ahora es un deporte que mueve cantidades desorbitadas de dinero, sin olvidar que la esperanza de vida casi se triplicó. Un siglo, el XX, que supuso el mayor avance tecnológico experimentado por la raza humana en toda su historia, en cambio, en España, aún existe el régimen bipartidista, corrupto y caciquista que estaba impuesto cien años atrás con la diferencia de que ahora Antonio y Mateo son los conocidos Mariano y José, y los caciques dejan de practicar el "pucherazo" haciendo que voten los muertos y se han transformado en los actuales medios de comunicación que invitan a dejar tu "voto muerto".
Dieciocho millones y medio es el 54% del censo electoral español que se abstuvo el domingo a acudir a las urnas a aportar esa papeleta que nos da ese insignificante y a la vez importante derecho que tenemos, tras 40 años de represión, de tomar decisiones a nivel político. Dieciocho millones y medio de personas que, por algún motivo, ayudó a magnificar el régimen bipartidista del s.XXI haciendo cada vez más verosímil lo que no da a entender los medios de que un voto que no sea dirigido a PP o PSOE es un voto estúpido. Inútil, realmente, es aquel voto que no se ejecuta, de entre esos dieciocho millones y medio de motivos para no acercarse al colegio, un gran porcentaje es de aquellas personas que por desengaño político piensan que realmente su aportación pierde la importancia que tiene y se queda en un mero papel insignificante y todo ello aportando fortaleza a esos dos partidos políticos que lejos de ser adversarios idealmente hablando, son sólo publicistas que para acercarse al mayor número de votantes posible han dejado los ideales en el logotipo (si Pablo Iglesias despertara del letargo... ).
Solo como dato y para que nos hagamos una idea, en las elecciones generales por las Cortes del año pasado, el actual partido que gobierna consiguió algo más de once millones de votos, dato con el cual podríamos hacer un balance de lo importante que son esos dieciocho millones y medio de papeletas inútiles que tardan en "reciclarse" un lustro. Cinco años inútiles por no perder cinco insignificantes minutos, convencidos por las cabalgatas de jamelgos troyanos que nos atacan desde los medios advirtiendo que lo realmente insignificante no son los cinco minutos sino nuestro derecho a elegir. Realmente, ¿es eso así? ¿es cierto que mantener "callados" a un 54% del país el la solución política del país?...
Dieciocho millones y medio, para continuar sumidos en una política obsoleta, perdidos en un bipartidismo caciquista y corrupto, atascados en los ideales del s.XIX...
Dieciocho millones y medio, casi diecinueve.
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